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Incineración, o inhumación, ¿hay alguna diferencia? |
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Un terrible terremoto sacudió la India en abril del 2001, provocando miles de muertos. La preocupación principal de los supervivientes, en los días que siguieron, fue poder enterrar a todos los muertos según los ritos tradicionales. La preocupación por honrar el cuerpo de los difuntos, muy presente en todas las civilizaciones desde los orígenes de la humanidad, se ha manifestado de distintas maneras. Hasta estos últimos años, la inhumación era la práctica más habitual en los países occidentales. Las peticiones de incineración es cada vez más frecuente. Para un católico, ¿hay alguna diferencia?. El cuerpo, templo del espíritu Al visitar las catacumbas de Roma, es impresionante ver con qué cuidado los primeros cristianos enterraban a sus muertos, a la espera de la resurrección. La forma de la sepultura es una de las maneras de honrar a los difuntos. El cuerpo sin vida no es considerado como un simple objeto. Es el cuerpo de una persona concreta. Un cuerpo que ha manifestado el amor, la ternura, la amistad. Un cuerpo marcado por una ocupación, la enfermedad, las deficiencias, por toda la historia de la persona. Un cuerpo cuyas heridas están llamadas a la transfiguración en la Resurrección. ¿No se ha transformado el cuerpo del difunto bautizado en templo del Espíritu? La preferencia de la Iglesia Católica Los primeros crematorios aparecieron en Francia al final del siglo XIX, con la intención de romper con los funerales cristianos. Los seguidores de esta corriente pensaban que el hecho de quemar el cuerpo demostraba lo inútil que era creer en la resurrección. Desde este punto de vista, se comprenden las reticencias de la Iglesia. Desde 1963, la Iglesia Católica autoriza la incineración, siempre y cuando el difunto no haya tomado esta decisión por motivos contrarios a la fe cristiana. El rito funeral cristiano permanece idéntico: la ceremonia religiosa - centrada en la resurrección del cuerpo- tiene lugar en la iglesia siempre en presencia del cuerpo del difunto. Este rito, en efecto, ya no tendría sentido en presencia de las cenizas del difunto. Cuando el cuerpo se incinera, se propone también un tiempo de oración en el crematorio. Y la Iglesia pide que la urna sea depositada en un lugar de acogida definitivo. Aunque la Iglesia católica acepta la incineración, prefiere sin embargo la inhumación, debido a las resonancias bíblicas y de su simbolismo particularmente rica para el hombre. La inhumación hace memoria de la sepultura de Jesús y de su salida de la tumba. No se trata de imitar a Cristo por devoción, sino de entrar en la simbolismo que encierra el signo de enterrar y el paso a una vida nueva. Como el grano de trigo sembrado en tierra y llamado a germinar, igualmente el cuerpo es enterrado a la espera de la resurrección.
Testimonio Alguien me decía recientemente: " ¡Mejor dispersar las cenizas del difunto!" Personalmente, incluso si no paso mi vida en el cementerio, pienso que es importante el tener un gran respeto por nuestros restos mortales. Tener un lugar en el que poder ir a rezar o recogerse por el difunto, y donde poder afirmar la propia fe como cristianos ("Señor, creo en la resurrección de la carne, en la vida eterna") es vital para los que se quedan. Mónica |